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04/04/2016

Reseña critica del libro ¡FUSILARON A DORREGO! o como un alzamiento rural cambio el rumbo de la historia



 
¡Fusilaron a Dorrego! Es una producción del historiador, profesor e investigador, Raúl Fradkin. El autor del presente libro es autor además de otras obras, las cuales calan y ensanchan profundamente en el saber histórico nacional.
Raúl Fradkin es profesor de historia de la Universidad Nacional de Lujan. Allí dicta clases en la cátedra de Historia de América. También es docente en la Facultad de filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires y ha sido profesor en la Universidad Nacional de Mar del Plata, además es investigador del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. E. Ravignani”, y ha realizado publicaciones en revistas especializadas. Entre sus obras más importantes se destacan: La historia de una montonera. Bandolerismo y caudillismo en Buenos Aires, 1826 (Siglo XXI, 2006), Desafíos al orden. Política y sociedades rurales durante la Revolución de Independencia (2008), además de la obra que nos ocupa. Raúl Fradkin se ha especializado en historia social rioplatense y ha desarrollado una mirada que ha permitido poner en el foco de la escena a los sectores subalternos que participaron activamente en los sucesos formativos del espacio rioplatense, mal llamado historia Argentina de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
El autor es portador de una pluma ligera y contundente al mismo tiempo. Ligera, podría decir, por la claridad y por lo ágil de su obra a la hora de ser leída. La misma presenta una gran cohesión y coherencia, y está acompañada de conceptos claros y precisos. Contundente, porque hace un uso correcto de todos los elementos discursivos y posee firmes estructuras de tipo argumentativo, expositivo, narrativo y retorico, lo cual permite llevar adelante una lectura que no solo se torna ágil y llevadera, sino que además nunca deja de ser ordenada, orientada y sumamente equilibrada.
Fusilaron a Dorrego es una obra que nos remite a uno de los momentos de mayor intensidad, y violencia de la historia de nuestro país. La obra está estructurada en cuatro capítulos, que están precedidos por una introducción que nos mete de lleno en los sucesos de finales de la década de 1820. Cada capítulo está dividido por una frase o cita que funciona como conector y nos remite a un tema en particular y que hace que la lectura sea cada vez más rica, ágil y entretenida.
La obra de Fradkin nos relata, a través de la triste muerte de Dorrego, un momento histórico que determinará y establecerá un cambio en el entramado de las relaciones sociales y políticas de la época, estableciendo el punto de partida de una situación que ya nunca tendría retorno en la historia argentina, como dice el autor “La decisión del fusilamiento estaba destinada a marcar un antes y un después en el desarrollo de la conflictividad política” (Fradkin, 2008: 31), esto queda plasmado también en la carta que Salvador María del Carril le escribe a Lavalle diciéndole: “ Este hecho abre en el país una nueva era y es el mayor servicio que ha podido Ud. Hacerle” (Fradkin, 2008: 31).
En la introducción el autor hace un claro y ajustado relato de los sucesos, y del contexto social y político que se dan a partir de 1828 en nuestro país. El relato es de tipo personal, mostrándonos las pasiones, las personalidades de los protagonistas, experiencias personales de los actores. Ya desde la introducción establece una mirada particular sobre la importancia de los actores sociales que pertenecían a los grupos denominados subalternos, y además nos muestra el desgarramiento social intra-elite que existía entre los grupos que en su momento habían participado de las luchas revolucionarias.
El primer capítulo “El fusilamiento del padre de los pobres”, Fradkin nos relata los acontecimientos acaecidos al retorno de Lavalle del conflicto bélico con Brasil, a raíz del cual quedo sellada la suerte de Rivadavia como presidente, y llevó, por otro lado, a Dorrego a la gobernación de Buenos Aires. El autor analiza el contexto político y social de la época, quedando plasmado en este análisis las problemáticas entre federales y unitarios, la confianza que los sectores subalternos depositaban en su líder político “Dorrego, y el alejamiento del llamado “tribuno de la plebe” de la oficialidad del ejercito, representantes en su gran mayoría del unitarismo y de los sectores “decentes” de la sociedad porteña. Fradkin es bien claro al respecto de la división social existente y al desprecio que las clases más acomodadas sentían respecto de los sectores populares, esto lo deja plasmado cuando manifiesta la expresión que utiliza Lavalle a su vuelta de Brasil: “La Republica es un merienda de negros”(Fradkin, 2008: 25). Fradkin en este primer capítulo nos pone al tanto de lo que da en llamar la “guerra de opinión”, mecanismo por el cual se ganaban las conciencias y los corazones. Esta guerra estaba planteada y se desarrollaba entre ambos bandos de la sociedad. Fradkin destaca el lugar que ocupaba la prensa y aclara también, que la misma, no era el único medio utilizado para expandir y hacer correr la información. Cada sector social tenía sus lugares y medios de preferencia, “la gente decente”, aclara Fradkin, se reunía en salones y billares mientras que los sectores populares o “del bajo pueblo” lo hacían en plazas, pulperías, mercados y en las parroquias. Fradkin también destaca la importancia de los gritos, estos no solo eran importantes porque manifestaban diferentes posicionamientos políticos, sino también porque eran una manifestación viva de las diferencias sociales existentes.
En el segundo capítulo, “Una crónica del alzamiento rural” Fradkin pone en valor el peso y la importancia de los grupos subalternos en cuanto a grupo político y social con capacidad de alterar o modificar el transcurso de los hechos históricos, a pesar de su falta de preparación militar y política, y de su conformación heterogénea. El autor corre del lugar central, que la historiografía mitrista les ha dado a las elites y rompe con el mito de que estas son las únicas capaces de modificar la historia, o mejor dicho, construir la historia y ostentar el poder político. El autor de esta manera introduce una variable de análisis que siempre fue negada u ocultada por la historiografía mitrista, de neto corte positivista, permitiéndonos hacer un análisis más complejo de las situaciones y contextos políticos y sociales.
En el tercer capítulo, “Anatomía de un alzamiento rural” Fradkin plantea desde su inicio las dos posiciones existentes que explican el desarrollo y las causas del levantamiento rural. Deja bien en claro el tenor de ambas posiciones, por un lado el de la historiografía mitrista, la cual suscribe a la idea de que dicho levantamiento rural fue, como dice Fradkin: “… resultado de un plan maquiavélicamente orquestado por Rosas…” (Fradkin, 1998, 73) y a quien incluso se lo acusa de haber traicionado a Dorrego y favorecerse con su muerte. Por otro lado, Fradkin también expone la posición de quienes entienden que el alzamiento fue producto de una reacción espontanea y en bloque de toda la sociedad rural, como dice el autor. “sustentada en la reacción iracunda de los sectores rurales que se lanzaron decididamente a luchar por el líder con quien se identificaban” (Fradkin, 2008, 74). Fradkin en este capítulo abre una puerta hacia un análisis diferente, se corre por un momento de los análisis simplista que remiten a causas y efectos, poniendo su mirada sobre en las motivaciones y deseos de cada uno de los grupos, mas allá de las motivaciones y objetivos políticos que pudieran tener sus líderes. Es en este contexto, y con estas variables en juego, que Fradkin analiza la situación de los distintos grupos, las tensiones que se empezaron a generar entre la ciudad y la campaña y las alianzas que comenzaron a tejerse a la hora de llevar adelante el levantamiento.
En el cuarto y último capítulo, “Buenos Aires en 1928”, Fradkin reafirma la convergencia de una multiplicidad de actores a la hora de explicar el “levantamiento rural”, y entiende que para poder explicarlo, es inevitable “echar una mirada a la sociedad porteña de entonces y a las circunstancias por las que estaba pasando en 1828” (Fradkin 2008, 141).
Raúl Fradkin entiende que en Buenos Aires, de a poco, se fue generando un caldo de cultivo, conformando a partir de una cosmopolita población; una división entre la plebe y la “gente decente”; el desarrollo de un economía en crecimiento; la aparición y el accionar de Rosas; el surgimiento de las montoneras, consideradas por el autor como las iniciadoras de futuros alzamientos rurales, y que entender esto es fundamental a la hora de entender porque grupos sociales tan heterogéneos pudieron aliarse en un alzamiento rural que cambiaria la historia.
Finalmente, en el epilogo titulado “La Restauración de las leyes” , el autor hace un pormenorizado relato de los suceso que van sucediéndose a partir de marzo de 1829 y la toma de conciencia por parte de la facción unitaria de los peligros que representaba el levantamiento rural y las similitudes y paralelos que se establecían entre el proceso que se había desencadenado en la Banda Oriental, a partir del cual se había forjado el liderazgo de Artigas, y el temor que esto representaba para los miembros de la elite urbana. Es así que Frakin nos va mostrando cómo la situación de los unitarios se va complejizando y deteriorando, hasta el punto de asumir y comprender que la hora de asumir la rendición “honrosa” había llegado.
Fradkin nos deja en claro en este libro que fue este levantamiento rural, con todas sus vicisitudes, lo que derivó en la llegada de Rosas al poder. El apoyo, la unión, las alianzas de, y entre los grupos subalternos, hizo posible que Rosas llegue al poder, dando inicio a un periodo de veinte años de hegemonía política, durante el cual el rosismo habría de transformarse, como dice el autor: “en la única experiencia exitosa de reconstrucción del orden político que había disuelto la revolución de independencia” (Fradkin, 2008: 201).
Algo que también deja en claro el autor y que no debemos perder nunca de vista es que el rosismo no fue siempre igual durante los veinte años que duró su hegemonía, y que lo que le permitió perdurar y arribar a ese lugar de poder fue la impronta recibida del alzamiento rural y el apoyo de los sectores plebeyos urbanos que antes adoraban a Dorrego.

Conclusión:

¡Fusilaron a Dorrego! O como un alzamiento rural cambio el rumbo de la historia, es un libro que nos muestra la complejidad, la heterogeneidad y la ebullición en la que se encontraba inmersa la sociedad de la década de 1820.
Fradkin aporta una enriquecedora mirada que nos lleva en un viaje al pasado, un viaje que nos muestra la diversidad, la riqueza y lo ecléctico de la sociedad de esa época. Lejos de abonar a teorías conspirativas de las elites, tanto porteñas como de la campaña, el autor pone en juego a un jugador hasta este momento denostado, ignorado y totalmente desvalorizado: “el pueblo”. La riqueza de las relaciones expresadas por el autor, nos muestra una sociedad en formación en todos sus bemoles, una sociedad que hasta el día de hoy muestra sus contradicciones, una sociedad que estará compuesta por diferentes actores, los cuales desarrollaran “por igual” sus roles, mostrándonos sus riquezas y sus miserias.
Raúl Fradkin es un autor indispensable en la biblioteca de cualquier historiador, su mirada es un prisma que aporta nuevos colores y nuevas formas en contraposición de la ya desgastada, ajada y desvalorizada mirada de los historiadores mitristas clásicos. Esta nueva mirada nos ayuda a comprender los procesos en sus más variadas formas, no existe una historia posible sin una mirada que no contemple la existencia y el rol de todos los actores sociales, la sociedad debe ser vista como una gran máquina en la cual todos los engranajes son importantes y esto jamás debe ser perdido de vista.

Bibliografía
FRADKIN, Raúl, ¡Fusilaron a Borrego! O cómo un alzamiento rural cambió el rumbo de la historia, Bs.As., Sudamericana, 2008

Material de consulta electrónico
http://sitios.ruv.itesm.mx/portales/crea/planear/como/resena.htm

 

 

 

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